lunes, 30 de junio de 2008

La música del montaje II

Para comenzar, al igual que una película, una pieza musical tiene comienzo, principio y final. La literatura también lo tiene, pero como dije, es mi sentir personal lo que manda. La música, como una película, va hacia adelante, el medio no permite la repetición de un pasaje que, por distracción o lo que sea, me ha quedado sin comprender. Al leer un libro, el lector puede releer un párrafo, un capítulo, leer el final, continuar mañana, el año que viene, etc. Me dirán que con un DVD o un CD de música sucede igual, sí, ya sé, pero estaríamos destrozando la naturaleza de la obra. Una película está hecha para verse de un tirón hasta el final (de ser posible sin interrupciones, comentarios o palomitas de maíz), igual que la música, sea del género que fuere. Al montar una película domina en mí el músico que llevo dentro. Debo aclarar aquí que no toco ningún instrumento ni he estudiado música ni soy un melómano ni nada de eso. Me entrego a la MUSICALIDAD de las cosas. La película debe fluir, como una melodía, como un río, no digo que deba ser constante, sino fluído, armonioso. Un río pasa, dobla, acelera, se frena, cae, se convierte en un hilo de agua, luego en un torrente caudaloso, vuelve a doblar, PERO SIEMPRE AVANZA, al igual que la música. Cuando hago un documental con entrevistados, principalmente me fijo, más que en los datos que esa persona me pueda aportar, en la sonoridad de sus palabras, en los timbres de sus gestos, en las pausas y en los silencios, también en sus movimientos, o en los “inserts” que los cubran. Todas esas imágenes deben danzar al compás de la gran música que es la película en sí. Si todo esto funciona, y esta es mi gran meta al hacer una película, el comentario del espectador debería ser, “no sé, se trata de tal cosa, pero no, tenés que verla, no te lo puedo explicar”.
Que alguien me explique la música.

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lunes, 23 de junio de 2008

La música del montaje I

El cine es una suma de diferentes disciplinas artísticas: literatura, música, teatro, fotografía, etc. Existe gracias a ellas, pero es totalmente independiente, tiene vida propia, cada una de esas disciplinas dejan de ser sí mismas para transformarse en esa otra cosa. Considero que dentro de todo el proceso y diferentes componentes que hacen al cine, donde incluyo (y cómo obviarlo!) hasta el aspecto financiero, el momento en que realmente estamos obteniendo “cine” es en la etapa del montaje. En esta etapa es cuando se ordenan y se combinan todas esas disciplinas de las cuales nos valemos. Aquí es cuando estamos haciendo cine. Cuando a veces me preguntan con cuál de esas disciplinas es que se emparenta más el cine, debo tener en cuenta entonces en qué momento es que tenemos “cine”. Como creo que es en el montaje cuando se da esta característica, (por supuesto que la exhibición es la reina, pero aquí ya no toma parte el creador), debo entonces hacer un paralelismo entre el montaje y esa disciplina artística. Aquí juega mucho la sensibilidad del cineasta, muchos discreparán conmigo, o mejor dicho, tendrán su propia opinión basada en su experiencia personal. En mi caso, debo decir que el cine, o hacer cine, está íntimamente relacionado a la música. Al menos ese es mi encare, o mi proceso.

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